«El mundo mejorará en la medida que tratemos de dar los unos a los otros»

Cuenta una leyenda en el altiplano de Guatemala que cuando un niño tiene una pesadilla, puede contarle sus temores a un ‘muñequito quitapenas’. Luego debe colocarlo debajo de la almohada, y mientras el niño duerme, el muñeco se encargará de llevar muy lejos sus penas.
El relato del ‘muñeco quitapenas’ es un guiño de esperanza en un país, Guatemala, con un 73% de la población que vive en la pobreza y con una tasa de analfabetismo que ronda el 30%, según un estudio realizado por el Banco Mundial. Celeste Flores, representante de la ONG Share España, con sede en Sabadell, se suma a este atisbo de esperanza y se muestra convencida de que la situación puede cambiar en su país, y de que en un futuro se puede paliar la pobreza extrema. «El mundo mejorará en la medida que tratemos de dar los unos a los otros», dice.
Share tiene más de veinte años de actividad en Guatemala, mantiene proyectos con cerca de 28.000 familias y, según Celeste Flores, cuenta con 1800 voluntarios pertenecientes a las comunidades con las que trabaja la ONG. Además, en 2004, Share instaló su sede en España, concretamente en Sabadell, para darse a conocer y «ser la voz» de dichas comunidades, afirma Flores. Gracias a su página web (http://www.asociacionshare.es/), al trabajo de difusión del voluntariado y a la participación en celebraciones como la Festa de la Diversitat en Sabadell, Share ha conseguido en España veinte voluntarios, cinco de los cuales son de la ciudad.
Celeste Flores opina que las ONG deben dar muestra de transparencia. Por eso, según ella, la Asociación Share es un espacio abierto donde todos los puntos de vista tienen un hueco y donde los contribuyentes pueden consultar el uso que se da a sus aportaciones económicas. Celeste lamenta que los escándalos de algunas ONG puedan afectar a la imagen de esta clase de organizaciones, aunque «los responsables de mantener la confianza del ciudadano somos nosotros», reconoce refiriéndose a las ONG. Por eso, Flores da una gran importancia a la optimización de recursos, a «hacer más con menos», aunque reconoce que los proyectos requieren gastos de administración, y que en el caso de Share suponen entre el 10 y el 15% de los fondos de las donaciones.
Desigualdades
Cuando habla de la situación de Guatemala, a Celeste Flores le vuelve el espíritu del ‘muñequito quitapenas’. «Se pueden saborear los cambios», dice, en un camino «duro y conflictivo» hacia la democracia.
Sin embargo, la guerra que durante treinta y tres años ha sufrido el país suscita desconfianza ante el progreso, y las altas tasas de desnutrición (un 44% de los niños menores de 5 años padecen crecimiento insuficiente) recuerdan cada día que Guatemala ocupa la posición 118 en el Índice de Desarrollo Humano del 2006. El país tampoco escapa de las desigualdades entre las zonas rurales y las áreas urbanas, con más comodidades.
Por eso, Share concentra gran parte de sus programas de ayuda en el noroeste del país y pretende «mejorar las condiciones de vida de las familias que viven en extrema pobreza, en las áreas rurales, desprovistas de muchos servicios», según Celeste Flores. Aunque la ONG se centra en los niños menores de tres años y las mujeres embarazadas, Flores reconoce que para que se produzca el desarrollo de la persona se deben dar mejoras paralelas en la familia y la comunidad. Por eso, los 21 euros al mes que cuesta el apadrinamiento de un niño se aúnan a otros apadrinamientos para poder emprender más proyectos y abastecer a más familias. Lo mismo ocurre con las donaciones.
Desarrollo integral
Según Celeste Flores, los distintos programas de Share se distribuyen en cuatro áreas de cuyo engranaje y funcionamiento integral depende el «desarrollo sostenible» de las familias más pobres de Guatemala. Las distintas secciones son las de salud, educación, incremento de ingresos a través de proyectos productivos y microcréditos, e infraestructuras. En este sentido Flores destaca que los problemas de salud de los niños, por ejemplo, muchas veces van ligados a la falta de educación de las familias o a la precariedad de recursos. De hecho, afirma, muchos niños viven con menos de un dólar al día.
Además, el Estado no tiene suficientes recursos como para acercar los hospitales o los centros parbularios a las zonas más rurales. Ante esto, lo que Share se plantea, según Celeste Flores, es «crear oportunidades de proyecto» y «preparar a la gente para que resuelva los problemas».
En el área de salud, por ejemplo, Share tiene programas para enseñar a las familias sobre cómo prevenir enfermedades infecciosas o sobre la utilidad de las vacunas. En el área de educación, a falta de escuelas parbularias, se instruye a las madres para que desarrollen habilidades con el fin de preparar a sus hijos para la educación primaria.
En cuanto a aspectos productivos, Share muestra a los campesinos que hay otras formas de producir, para que finalmente «fortalezcan sus herramientas administrativas y de negocio». Flores cuenta el caso de una familia que, tras una mínima formación, cambió la siembra de maíz por la de crisantemos, mucho más beneficiosa. En todos los casos, Flores destaca que un requisito mínimo para que se produzcan mejoras es que las familias «estén dispuestas a cambiar sus propias condiciones».
Robert Sendra Ramos

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