"No tenemos que dar cañas sino enseñar a pescar"

La situación de Guatemala, con un 56% de la población que vive en la pobreza y con unas cotas de analfabetismo que rozan el 30%, pero también con datos que invitan a la esperanza como los ingresos provinentes del turismo, es un caso paradigmático de la trayectoria que siguen muchos países de Latinoamericana, con democracias en vías de desarrollo que se encuentran ante el reto de fortalecer sus estados y de modernizarse para facilitar su avance. Así, la cooperación internacional de los países del primer mundo hacia los que se encuentran en vías de desarrollo se encamina cada vez más hacia el fortalecimiento en cada territorio de las condiciones indispensables para su evolución. Se trata de “instalar capacidades para que la gente gestione su desarrollo”, según el periodista Luis Bruzón, que el pasado 9 de octubre disertó en la Facultat de Ciències de la Comunicació de la Universitat Autónoma de Barcelona sobre el papel de la comunicación dentro de la cooperación internacional.
“No tenemos que dar cañas sino enseñar a pescar”. Esta afirmación de Luis Bruzón a partir de su experiencia en Guatemala podría resumir las metas que todo proyecto de cooperación internacional debería adoptar. La comunicación puede ser esencial para “enseñar a pescar”.
No se trata sólo de ofrecer a los países subdesarrollados dinero para que quede atrapado en la red corrupta del gobierno o para que se estanque con sistemas productivos anticuados y con una falta considerable de formación. Según Luis Bruzón, se trata de fortalecer los estados de los territorios más desfavorecidos empezando desde la base en que se estructuran las relaciones políticas, es decir, los municipios, con el proceso de descentralización que ello comporta. Mediante una radiografía rápida del país, saltan a la vista las desigualdades y la diversidad, con zonas rurales deficitarias en medios educativos y sanitarios y zonas urbanas con las necesidades mínimas cubiertas. Como consecuencia de estas desigualdades, los problemas y las demandas son muy distintas según el lugar, y el papel de los Ayuntamientos en su regulación es primordial, así que será clave su fortaleza y su nivel de formación.
En el trabajoso camino hacia la modernización, Guatemala también debe apostar por la consolidación de su democracia, la reforma de la justicia, el aumento de la densidad del tejido social en cuanto a participación ciudadana se refiere, la promoción de la pequeña y mediana empresa como mecanismo para dar trabajo y sacar adelante el país a nivel económico, y la lucha por la inclusión de las mujeres en todos estos avances.
Son los guatemalenses, al ritmo que su ímpetu marque, los que deben avanzar por este camino, pero no estarán solos, porque cuentan con la batuta, el presupuesto y la voluntariedad de la cooperación internacional, cuyos proyectos, según Luis Bruzón, deben funcionar de manera integral. La comunicación ejerce un papel central en la integración de todos los elementos y en la modernización del país.
Por un lado, la comunicación resulta elemental para la formación de estados modernos con democracias sólidas. Sólo la comunicación puede garantizar la interlocución social en un país que por sus bastas desigualdades lo necesita, para llegar a consensos. La comunicación también tiene la oportunidad de fomentar la interculturalidad, ya que Guatemala está compuesta por un 65% de población indígena y dos minorías formadas por ladinos y mestizos. Asimismo, con la modernización de la comunicación, se dan condiciones básicas como la calidad, fiabilidad e independencia de la información, así como el papel activo del receptor, quien además, mediante la comunicación, puede ser “educado” e “inducido” hacia lo que puede propiciar el desarrollo social. Por eso Luis Bruzón habló durante su conferencia de “mediar pedagógicamente la comunicación educativa” (con la creación de foros de discusión, reportajes, etc.).
Por otro lado, dentro del terreno comunicativo, Internet abre una oportunidad y un peligro al mismo tiempo. Como positivo, la red de redes permite la incursión de nuevas ideas al país, pero ello puede comportar como vicio un descuido del patrimonio cultural.
Aparte del papel de la comunicación, otra idea aparece con fuerza tras el discurso de Luis Bruzón, y es que la planificación de los mecanismos para garantizar el desarrollo de la sociedad debe tocar de pies a tierra y responder a los intereses de una población diferente a la europea, con un contexto particular de pobreza y mortalidad, deficitario en infraestructuras sanitarias y educativas.
De este modo, la alfabetización, tradicionalmente considerada como la panacea contra los autoritarismos y como un paso de gigante hacia la eterna utopía de la igualdad, no resulta, ni mucho menos, una prioridad para aquellas personas, ya con cierta edad, cuyo principal objetivo es sacar el máximo rendimiento a sus tierras para alimentar a la familia. La cooperación no tiene que consistir en la imposición en Latinoamérica o África de las condiciones exactas de las que goza Europa. Las necesidades no siempre son las mismas; las soluciones, tampoco.
Tras el esbozo rápido de las ideas surgidas en la ponencia de Luis Bruzón, se abren nuevos debates entorno a la comunicación como herramienta de cooperación. Por ejemplo, se ha hablado de que la comunicación debe estar mediatizada pedagógicamente e inducir comportamientos cara al desarrollo. Cabría preguntarse dónde está la frontera entre la inducción y la manipulación. Que los objetivos de tal actuación sean positivos o negativos es sólo una cuestión moral, pero quizás debemos plantearnos como garantizar que la cooperación y la educación no adopten un matiz excesivamente paternalista.
Robert Sendra Ramos

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